A las puertas de la
Residencia Oficial del Presidente de Irlanda, conocida como ÁrasanUachtaráin y
ubicada al norte de la ciudad, este lunes se izó la bandera cubana, como
detalle de la antesala al recibimiento oficial que Michael Higgins ofreció al
Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
Ni la baja
temperatura - unos 10 grados que para los caribeños son congelantes -; ni la
formalidad habitual de este tipo de actividad protocolar, lograron deslucir un
encuentro que desde los primeros minutos se distinguió por la cordialidad. A
miles de kilómetros de la Mayor de las Antillas la delegación cubana recibió,
en un refinado palacio del siglo XVIII, el calor que siempre desprende la
amistad.
Al apretón de
manos entre los presidentes y sus esposas, siguieron los himnos nacionales, el
pase de revista a las tropas formadas en honor del visitante y un encuentro -
cercanísimo, como todo lo que nace del corazón de los niños - con alumnos de
tercer grado del St Mary’s Senior National School. “Es un honor estar en su
bello país”, dijo Díaz-Canel a los pequeños que traían en sus manos banderas
cubanas y les contó de esa otra Isla, la del Caribe.
La agenda
continuó con las conversaciones oficiales: momento para hablar sobre las
relaciones bilaterales que ya cumplen dos décadas, de la intención de
estrecharlas en todos los ámbitos posibles, del agradecimiento a Irlanda por su
postura en contra del bloqueo que mantiene Estados Unidos a Cuba, de la exitosa
visita que hiciera a La Habana el mandatario irlandés hace dos años y de la
calidez recibida por la comitiva cubana desde que puso un pie en Dublín.
Repleto de
detalles estuvo el recibimiento oficial, como el del roble irlandés que plantó
Díaz-Canel en el jardín de la Residencia. La postura tiene cuatro años, explicó
minutos antes el jardinero jefe Robert Norrisal al mandatario, pero luego de su
siembra estará aquí más de una centuria. “Un perfecto símbolo de amistad”,
respondió el Presidente de Cuba luego de echar tierra sobre sus raíces.
Para ojos
observadores también fue admirable el cartel distintivo de cada mesa del
almuerzo que ofreció Higgins a la delegación cubana: Sierra del Escambray,
decía uno; Sierra Cristal, iba en otro; y, claro está, Sierra Maestra, cuna de
la Revolución cubana. Al lado de cada plato colocaron, de regalo para los
visitantes, una pequeña arpa, ese símbolo añejísimo de la nación irlandesa.
Allí
Díaz-Canel habló a sus anfitriones: “En la década del 60 del pasado siglo, el
Comandante Ernesto Che Guevara, argentino que Cuba tuvo la suerte de tener en
su historia, contaba a su padre: “Con el ancla al mar y el barco al pairo,
estoy en esta verde Irlanda de tus antepasados”. Medio siglo después volvemos a
la verde y patriótica Irlanda; la de los antepasados del Che; la que acompañó a
Félix Varela en sus días en San Agustín; la que describió el apóstol José Martí
en sus escenas americanas; la que generó la admiración del Comandante en Jefe;
la Irlanda de la que aún hablan las calles y edificios de La Habana y es un
placer hacerlo a solo siete días del XX aniversario del establecimiento de las
relaciones diplomáticas entre nuestros países, luego de la histórica visita del
presidente Higgins a La Habana y la celebración por primera vez en Cuba, del
día de San Patricio y su emblemático desfile”.
Brindemos hoy
por la paz y la independencia, comentó Díaz-Canel, por la amistad entre los
pueblos de Cuba e Irlanda, para que continuemos siempre en el mismo mar de
lucha y esperanza.
Y con el
recuerdo aún fresco de su paso por la capital cubana, Higgins confesó: “Fue un
honor ser el primer presidente de Irlanda en visitar Cuba hace dos años.
Nuestros dos pueblos, el pueblo irlandés, muintirnahÉireann, en nuestra antigua
lengua celta, y el pueblo cubano, muintirChúba, han disfrutado de profundos
lazos de amistad y solidaridad a lo largo de los siglos, una amistad y una
solidaridad que, espero, su visita a Irlanda contribuirá a reavivar y
fortalecer”.
Como aquel roble irlandés - que forma parte del bosque circundante de la Residencia Oficial y que cada uno de sus árboles lleva la placa con el nombre de quien lo plantó - crece la amistad de ambas naciones, con miles de kilómetros por medio y las mismas ansias de independencia.
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